Multiplicado por toda la primera infancia

El ejercicio era algo parecido a lo siguiente:

“-vamos a imaginar un lugar muy especial en nuestras vidas, en nuestro pasado, donde nos sentíamos muy bien cuando eramos niños, un escondite. Un espacio donde jugar, disfrutar y  pasar el tiempo eran la misma cosa…-“

“-ahora levantamos la mano los que recordamos que ese lugar estaba en la naturaleza-“

Sorprendente.

La mayoría.

Katia empezó así su ponencia en el 1er Encuentro de Asociaciones y Organizaciones de Educación en la Naturaleza, en Palma de Mallorca.

Ok, voy a mirar para adentro.

Recuerdo cuando jugaba en el parque, me llevaban mi padre y mi madre, jugaba con amigos y hermanos, o solo, recuerdos vivos, sensoriales, anímicos, pelota, trepar cada vez mas alto, saltar la cuerda, hacer refugios, correr como el viento.

Y el escondite.

El fondo de casa, con arboles , horas , tiempo, bichitos, ramas, arcos y flechas,  platos de barro, higos de verano, montañas de hojas en otoño, saltamontes, orugas, luciérnagas, arañas y hormigas.

Una lupa, un cuchillo, rollos de hilo y cuerdas, trapecio anillas y escala marinera, el hacha, martillos y clavos, y tablas viejas, un pajarito con el ala rota, un gato malo, un nido de hornero, un panal de avispas, flores en el pelo, piedras de colores, rodillas rotas, raspones generales.

Capa de superheroe, cara de limón, cara de caramelo, grito de tarzan, sigilo de apache.

Zetas en el aire con floretes de caña, naves espaciales de ladrillos rotos y palos, dormir, saltar, trotar, reír, pelear, trepar, cantar, lanzar, golear, vagabundear.

Duro como John Wayne, agil como Burt Lancaster, canalla como Clark Gable, certero, elegante e ingenioso como Errol Flynn, misterioso como Bogart…

Canoa entre los juncos, viento y remos que salpican, cafe de cowboy por la mañana, echando una brasa para bajar los posos.

También cuatro o cinco grandes caminatas, épicas, de descubrimiento, de resistencia, de investigacion, de gusto, cansancio, tormenta, risas, romance, frío, calor, rayos y centellas, llegar.

La punta de la nariz congelada, o el cuello y las orejas abrasadas.

Un fin de semana de campamento inolvidable también…o dos, lo dejamos en seis.

Y ocho, nueve dias, en un camping solitario, haciendo fuego por la noche, mirando las estrellas,  amaneceres y atardeceres, rocío fresco, sombras cómodas, aire puro, guitarras y compania

Incluso un mes entero en la playa, salado, arenoso, olas y espuma, mejillones y corvinas, bailes descalzos, sol en la piel

Todo eso quedo en mi.

Días mas tarde tomamos un café, de esos largos , de charla lenta e impredecible con Patty.

Le comparto estas cosas, y otras, y hablamos desde hace un rato sobre su trabajo, en educación en la naturaleza:

“-todo eso que me cuentas… multiplicado por toda la primera infancia”

TTNK 2018

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